martes, 13 de mayo de 2008

¿Se puede educar una mirada?: reflexiones acerca de una posible pedagogía de las imágenes a partir del cine arte.

Jorge A. Rivas Medina
Profesor de Estado
Lic. en Educ. Historia y Cs. Sociales
Magíster (c), Historia de Chile, S. XX.
“…Al contrario de la ciencia, en que lo real se define por evidencia,
acá (en la TV) las cosas existen por la mirada…”[1]

Hace aproximadamente cinco años, junto a un grupo de docentes de enseñanza media, decidimos aprovechar el catálogo visual del Normandie, para contribuir a la formación pedagógica de algunos contenidos mínimos, a través del cine arte. Ello no sólo ha permitido desde entonces institucionalizar una forma novedosa de “salida a terreno”, sino que además ha fomentado incipientemente entre nuestros estudiantes, una mirada crítica y una sensibilidad diferente frente a las imágenes en formato cinematográfico.

Producto de esta misma reflexión frente a la utilidad de las imágenes de cine arte en el currículo del subsector de Historia y Ciencias Sociales, es que el año 2006 participamos en un Seminario sobre Pedagogía e Historia, invitados por los estudiantes de esta carrera de la Universidad de Santiago de Chile, para compartir nuestro artículo “Cine Arte y el relevo de los sujetos sociales”, como una crítica a la falta de explicitación de los sujetos históricos en los planes y programas del MINEDUC.2

El año recién pasado, a fines del mes de septiembre, asistimos junto a un grupo de nueve profesionales chilenos (en su mayoría profesores), a compartir nuestras experiencias pedagógicas en relación con el trabajo de imágenes, a un encuentro trinacional (chileno, argentino, peruano), en la ciudad de Buenos Aires3, invitados por FLACSO. En esta misma localidad, y luego de haber expuesto los trabajos que cada representante llevaba, asistimos como espectadores al Seminario ”Educar la mirada II”, en el que, además de docentes, intervinieron entre otros, productores audiovisuales, cineastas, periodistas, escritores, filósofos y fotógrafos4, frente a la común tarea de escudriñar las imágenes en tanto material propiciador de educación e intervención social.

Estas vivencias profesionales que hemos narrado, han tenido un denominador común para nosotros: ir explorando en las imágenes, en nuestro caso utilizando filmografía que no responde al consumo comercial, una nueva forma de educar. Propender a este cruce, imagen – educación, es, como se ha escrito, “proponer otros vínculos entre palabras e imágenes, proponer otros modos de trabajo con las imágenes, analizando la carga que contienen, abriéndolas en su especificidad, y poniéndolas en relación con otras imágenes, relatos, discursos e interpretaciones”5.

Cuando los docentes somos capaces de abrirnos a la interpelación profesional de otras disciplinas, en este caso de aquellas que trabajan con la imagen de forma artístico – estética, como lo son un productor audiovisual, un fotógrafo o un cineasta, por ejemplo, estamos frente a la posibilidad de utilizar herramientas y metodologías que enriquecen el trabajo pedagógico y que al mismo tiempo matizan nuestra didáctica dentro del aula.

Pero no sólo eso. Como lo ha indicado Diana Paladino, si reinstalamos el cine en el imaginario escolar, más allá de verlo como simple recurso didáctico, podremos propiciar la integración de éste, con otras áreas disciplinarias. Ver el cine “en función de su valor como documento de época, como emergente cultural, como obra artística, como medio de comunicación de masas y también, por qué no, como entretenimiento”6, colabora en el camino de situar el séptimo arte como parte integradora del proceso de enseñanza – aprendizaje y a través de él, situar una expresión de la “imagen” en el contexto escolar.

Cuando observamos que la “cultura juvenil”, se disocia y se desarrolla a contrapelo de la “cultura escolar”, las reflexiones que a partir de ello los docentes podemos hacer, deben tener implicancia directa en el tratamiento curricular y metodológico de nuestras especialidades. Cuando “sacamos” a nuestros estudiantes del liceo para “incorporarlos” al mundo del cine (como estructura física, como localidad urbano – artística), estamos llevando el colegio a la calle y a su vez las alumnas y alumnos portan su propia cultura en este trasvasije de espacios. Enseñamos una forma de “mirar” el cine, cuando estamos en el salón oscuro y se proyecta la película, pero a su vez “educamos una forma de mirar”, cuando contextualizamos un film, lo situamos en su época de realización o repasamos “imágenes” que propenden al logro de nuestros objetivos pedagógicos. Con todo, y aquí existe una cuestión central, la mirada de los jóvenes frente a una proyección completa, siempre será un matiz frente a nuestras intenciones educativas y nuestros propósitos asignaturistas. Ello se puede convertir en un motor que promueva el diálogo, la discusión y la visión subjetiva frente a una obra artística, restituyéndole al estudiante un rol proactivo7.

La televisión y los medios de prensa escritos (al menos sus portadas que cuelgan todos los días en diversas esquinas de una ciudad), también pueden ser convertidos en medios de educación de miradas, si los docentes asumimos el desafío de cuestionarlos y resignificarlos junto a nuestros estudiantes. Esto fue una de las motivaciones que me produjo la segunda versión de “Educar la mirada”, el año pasado en Buenos Aires8. Culpar sólo a la televisión de que los jóvenes no lean, parece ser un lugar común y un recurso retórico fácil. Hacerse cargo de esta situación, trabajando las imágenes y las miradas, es una empresa mayor y por lo mismo sugerente. Somos en gran medida los responsables prioritarios de que el diálogo entre cultura escrita y cultura audiovisual, se promueva dentro de los colegios. Quedarnos sólo en la crítica o en la constatación de ciertas evidencias, no colabora en este sentido.

Volviendo al caso del cine arte, a pesar de ser éste un terreno en donde ni las palabras, ni las ideas son parte de su esencia natural9 -por tratarse de otra forma de lenguaje-, al implicar un universo artístico tan amplio (literatura, pintura, fotografía, música, teatro)10, de todas formas puede estimular palabras, donde no las hay, y pensamiento reflexivo.

Parafraseando a Jost, si es la mirada la que hace “existir” las imágenes que vemos (cine, tv o prensa, como ejemplos), educar esa forma de mirar no debiera ser una tarea frente a la cual pasemos sin reflexión. Sistematizar nuestras propuestas y nuestros trabajos como docentes, se vuelve de este modo una necesidad profesional imperiosa. Pedagogizar las imágenes debiera ser sustantivo dentro de dichas necesidades.
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1 Francois Jost, en entrevista concedida al cuerpo Cultura de La Tercera, sábado 27 de octubre de 2007. La entrevista se centró en torno a la televisión tradicional y a la tv digital, tras su paso por nuestro país en donde participó del Congreso Internacional de Semiótica organizado por la Escuela de Periodismo de la USACH.
2 Ver artículo en htt://profesoresdehistoria.blogspot.cl (mes de abril del año 2007).
3 Durante este invierno la Universidad Alberto Hurtado y el CIDE programaron un taller sobre “igualdad y ciudadanía”, dictado por el periodista Dino Pancani, como parte del proyecto TRAMAS, que pretendía unir a los tres países nombrados, a través del uso de imágenes en el medio educativo. Las reflexiones pedagógicas de este taller presentado por docentes, fueron seleccionadas para ser presentadas en la sede FLACSO de la capital trasandina.
4 Dicho seminario se realizó los días 27 y 28 de septiembre del año en curso. El primer encuentro fue durante el año 2005 y dio como resultado el texto Educar la mirada, políticas y pedagogías de la imagen, cuyas compiladoras fueron Inés Dussel y Daniela Gutiérrez (FLACSO, Buenos Aires, 2006).
5 Ver Dussel y Gutiérrez, Op. Cit., pág. 12.
6 Diana Paladino, “¿Qué hacemos con el cine en el aula?”, en Educar la mirada… Op. Cit., págs 144 y 145.
7 Hace un par de años el historiador chileno Gabriel Salazar (Premio Nacional de Historia 2006), señaló en un seminario (II jornadas de Historia del Valle de Aconcagua, UPLA, sede San Felipe. Año 2005) , que los profesores de Ciencias Sociales en particular, teníamos el desafío de llevar la calle al colegio y el colegio a la calle; de propender un diálogo entre estos dos mundos que parecen cada vez más lejanos. Conforme a nuestra experiencia, creemos que algo similar debe ocurrir con las universidades y con los centros culturales de las más diversas índoles, como un forma de trazar puentes entre la cultura de los jóvenes, segregada en parte por el sistema socioeconómico imperante, y el resto de los espacios en que se desenvuelven, dentro de los cuales el mundo escolar, tiene un peso sustantivo.
8 Una experiencia interesante que se presentó en Argentina fue la que expuso Fernanda Rotondaro sobre “Pakapaka”, en que los jóvenes y niños aparecen como protagonistas de un programa de televisión, sin estereotipos, jugando, con humor y enseñanza (cuenta con asesoría pedagógica del ministerio). Ver www.pakapaka.gov.ar.- Otras exposiciones manifestaron la utilidad de lo audiovisual como instrumento para tejer redes sociales y provocar impacto en las villas miserias del cono urbano bonaerense (a través del programa “barrios de pié”, que presentó Ariel Tcach; ver www.barriosdepie.org.ar.-) o para empoderar a los pueblos originarios de Bolivia (a través del “Plan originario de comunicación audiovisual”, presentado por Iván Sanjinés; ver htt://videoindigena.bolnet.bov.-). A su vez Dino Pancani, expuso, a partir de imágenes de prensa sobre la muerte de Augusto Pinochet, una interpelación para hacernos cargo, como educadores, de las imágenes de la prensa y la contingencia.
9 Jorge Larrosa, “Niños atravesando el paisaje. Notas sobre cine e infancia”, en Educar la mirada…. Op. Cit., pág 113.
10 Ibid. Pág. 115.

1 comentario:

gisselle Marquez dijo...

profe jorge lo lei soy la gisselle me el documento